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El pajarito de Madonna era de Zumarraga
Hace seis años la canción ‘Aldapeko
sagarraren’ dio la vuelta al mundo de la mano de
Madonna y Kalakan. Se cree que la compuso el zumarragarra Juan Ignacio Busca Sagastizabal.
Reportaje y fotografía de Asier Zaldua
17·04·18 | 04:00
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El busto de Juan Ignacio Busca Sagastizabal, en el barrio Eitzaga de Zumarraga.
La canción Aldapeko
sagarraren es una de las más populares del
cancionero vasco y hace seis años estuvo en boca de todo el mundo porque Kalakan la interpretó con Mado-nna.
La autoría de esta canción no está del todo clara, pero son muchos los que
defienden que la compuso el zumarragarra Juan Ignacio
Busca Sagastizabal.
En la familia Busca siempre han oído que fue así. Según
cuentan Lauran y Usoa Busca
(hijos del gastrónomo José María Busca Isusi y
sobrinos-nietos del compositor), el músico estaba subiendo la cuesta que lleva
a la ermita de La Antigua, cuando escuchó el bello canto de un pájaro. Le
emocionó de tal manera, que le dedicó una canción. El manzano al que hace
referencia la canción se encontraba a la altura del caserío Gurrutxaga
Goikoa.
Hijo de un italiano Ya sabemos de dónde era el pajarito de
la canción que bailó Madonna, pero... ¿quién era el hombre que le dedicó una
canción? Busca Sagastizabal era hijo de un italiano y una vecina de Ezkio: Juan Bautista Busca Peretto
y Josefa Antonia Sagastizabal Zabalo.
Juan Bautista y su hermano Pedro vinieron a Euskadi junto
con otros muchos italianos, a trabajar en la construcción de la línea de
ferrocarril Madrid-Irun. Se instalaron en Zumarraga. El primero se casó con Sagastizabal y el segundo
volvió a Italia.
El músico era el segundo hijo del italiano y la ezkiotarra. Nació en 1868 y falleció en 1950. Según la
información recopilada en la web sobre la familia Busca
(alvarobusca.webcindario.com) y en la web del Ayuntamiento de Zumarraga, el primer maestro de Busca Sagastizabal fue su
vecino Juan Lino de Leturia. Después, estudió en los Escolapios de Tolosa. Su
maestro de música (el navarro Felipe de Gorriti) le envió una carta a su padre,
diciéndole que Juan Ignacio era de memoria privilegiada para la música, “pero
como toda persona inteligente, poco amigo de trabajar demasiado”.
Inició la carrera eclesiástica en la Universidad Pontificia
de Salamanca, pero acabó estudiando música en Madrid. Un buen día, después de
pasar unas vacaciones en familia, cogió el tren rumbo a Salamanca. En Venta de
Baños se le olvidó bajar del tren para coger el que iba a
Salamanca y acabó en Madrid. De allí escribió a sus padres diciendo que la
música era su verdadera vocación y que a ella iba a dedicar su vida.
Estreno en presencia del rey En Madrid, se casó con su amor
de la infancia (Casimira Gabilondo) y tocó el órgano en varias parroquias y en
el Teatro Real. Además, compuso el himno de la Virgen de Covadonga, varios
villancicos... Su himno eucarístico Cantemos al amor de los amores,
cantemos al Señor, se estrenó en presencia del rey Alfonso XIII, se tradujo
a varios idiomas y se canta en todo el mundo.
Otras dos composiciones religiosas suyas, Stabat Mater y Misa Pastorela,
son también muy apreciadas. Entre las composiciones populares destacan, además
de Aldapeko sagarraren, Bi
euzko abesti y el
himno a Miguel López de Legazpi, compuesto con motivo de la inauguración de la
estatua del colonizador de las Islas Filipinas que preside la plaza de Zumarraga.
En su 25º aniversario, el Orfeón Donostiarra cantó en Zumarraga (el director era el zumarragarra
Secundino Esnaola) y Busca Sagastizabal vino desde Madrid para presenciar el
concierto. El Orfeón interpretó catorce composiciones y entre ellas
estaba Bi euzko abesti.
En el llamado Concierto de las Mil Voces, celebrado en
Donostia en 1949, también se interpretaron canciones de Busca Sagastizabal. Al
final del concierto, tuvo que subir al escenario a petición del público y fue
aclamado.
Él y su esposa tuvieron un hijo y tres hijas y pasaban las
vacaciones en Euskal Herria: en Pitillas (su mujer
era de Urretxu, pero residió desde niña en este
pueblo), en Zarautz y en Zumarraga.
La gran popularidad que alcanzó en Madrid no provocó que
olvidara su pueblo natal. Celebraba todos los años el día de Santa Isabel y
cuando abrieron una suscripción popular para colocar la cruz de hierro del
monte Beloki, envió 25 pesetas. En 1893, consagrado ya como profesor de armonía
y composición, decidió ser el director artístico de la banda municipal.
El Ayuntamiento de Zumarraga tuvo
ocasión de agradecerle su apoyo al pueblo en el centenario de su nacimiento: le
dio su nombre a un grupo de viviendas construido en el barrio Eitzaga y colocó un busto en su memoria. Tampoco estaría de
más plantar un manzano, para que los pajaros se
posaran en él.